Le va cogiendo uno el tranquillo a esto. Compartir experiencias con estos deportistas es fácil y gratificante; además, uno sólo se moja los pies, si lo apuran mucho y hasta ahora el viento no ha sido una exageración. Esperemos que arrecie un fisco y las condiciones ayuden más a nuestros deportistas canarios, que por ahora van a la zaga.
Al principio se anda medio perdido, a trompicones, luego descubres, conoces y te conocen y entras en la rutina del día a día, a ritmo de protocolos y pautas. Los desayunos, los almuerzos, las cenas, los envíos, las fotos, las miradas, las gafas de sol, los baños, todo llega por la añadiduría del devenir de los acontecimientos.
El gazpacho algo fuerte, que ayer lo repetí del almuerzo a la cena. Cambié entonces y opté por la sopa de ministrone, que tanto gusta en Europa. En la carpa de los deportistas puedes emularlos, metes las piernes en una suerte de arnés, agarras una barra colgada de hilos, cuerdas y gomas al techo y te hacen bolar como si fueras en un parapente de esos del kitboarding, una experiencia que recomiendo a muchos; pues así podrán estar seguros de que andan algo colgados.
También hay un simulador de windsurfing, y pueden sortear los empujes del viento en la arena, sin salir de la carpa y a la vista de los miles de visitantes que cada día acoge el Mundial de Fuerteventura, que se hizo a la mar y el viente ayer en las aguas de la Playa de Sotavento de Jandía de Pájara, municipio en el que me han empadronado.
Cuando uno dice con todas sus letras eso de empadronado, parece que tiene que ver con los padrones; lo que me hace recordar al amigo Daniel Valerio Oliveira Padrón, a quien desde aquí, y como les gusta decir a tantos, aprovecho la ocasión para remitirle un saludo.
Regatistas sobre la mar, azul arriba y abajo, y amarilla arena que le saca el blanco al agua en su encuentro = amarillo, azul y blanco. Pues lo dicho, canaria bandera en las playas de FuerteAventura y el mundo pendiente del viento y la tele.
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