Tenerife / Los Rodeos
Tenerife Sur
Hay recónditos parajes en FuerteAventura que sobrecogen. Hace unos días fui conducido al más bello paisaje de la Maxorata, allá donde el dieblo no perdió los calzones sino donde perdió el hipo demoníaco. Tras los más de trece kilómetros de la playa de Cofete, mirando al mar a mano derecha, la isla muestra su cara más salvaje y aniñada.
Y digo aniñada porque se la ve virgen, libre de cualquier aditamento que no sean cuatro bañistas desnudos y dos rebaños errantes de cabras de la costa. Las aguas océanas lamen la arena y los acantilados están cuasi cubiertos de arena, chorreando grano a grano hasta la extenuación. Aunque aquí no nieva, la arena es nieve caída que cual manto cubre el litoral hasta arropar la viva lava erosionada por los vientos escultóricos. Micro y macro dunas que, de vivas, bailan y dibujan a capricho el litoral.
Cofete cae tras una espina dorsal montañosa, y donde nace la primera cresta que marca su inicio desde Pecenescal, la arena fina discurre hasta el mar, en una suerte de caída libre de fluir único. Sólo nuestras huellas rompen la espátula y los cinceles del viento creador.
Quién tuviera más luces y recursos estilísticos para mimetizar en una estampa la magnitud de un espacio único, tan místico que dan ganas de borrar las huellas de nuestro paso para evitar dejar sendas humanas donde sólo hay veredas del tiempos y los elementos.
No saqué ni una foto para no romper el hechizo, pero es posible que mañana un Cubas me ayude a visitar ese santuario, aunque estoy seguro de que la Nikon no podrá reflajar en una imagen lo que sólo el ojo humano cargado de corazón puede captar.
He descubierto un paraíso árido, tan cautivador que me transportó a las coladas blancas de las Cañadas del Teide, a los aires de Arenas Blancas (Sabinosa, El Hierro), la Montaña del Fuego o incluso a Artenara o La Caldera de Taburiente.
Esta piel de podenco echado tiene unos plieges escondidos que hay que visitar con el respeto y emoción que oliga una cripta o un templo. Si Rodin presentó dos palmas enfrentadas con los dedos para arriba para representar una catedral, FuerteAventura me descubre dos palmas boca arriba llenas de arena cuyos granos se cuelan entre los dedos para luego barrer la orilla más sensual del muslo de una isla mujer que toma el sol en cueros (Isla Mujer creo recordar que es el título de un poemario del bien querido Fernando Senante, buen letrado urbanista y mejor anfitrión).
P.S.: Si las condiciones climáticas y las obligaciones laborales son propicias, en unos días tendrán referencia gráfica del citado paraje. Para obtener un plano, hay que remitir instancia escrita. Besos para todos en este 101.
publicado el 3 Enero, 2009 en laopinion.es (0) comenta
publicado el 2 Enero, 2009 en diariodelanzarote.com (0) comenta
publicado el 31 Diciembre, 2008 en eldia.es (0) comenta
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