Mira que es dura la vida de estudiante. No durante la etapa de clases; sino durante la época de exámenes.
Esos días que pasan en nuestros calendarios. Uno a uno. Y van cayendo en el olvido porque nos limitamos a estudiar. Son para mí un lapsus temporal, un paréntesis. No hago nada que no sea comer, dormir (muy poco) y estudiar así a grandes rasgos.
¿Sabe alguien lo que conlleva preparar un examen? Uff ... deja que yo te comente, querido lector.
La primera prueba vital es CONSEGUIR TODOS LOS APUNTES. Puede llevar días buscar en mil sitios: unas hojas sueltas en una carpeta; los problemas estaban en una libreta que ahora no veo; las lecturas que la profesora dijo que no entraban en el examen mejor las olvido (¡error! Seguro que caen); pedir a los demás los apuntes que me faltan de uno de los tantos días que nunca me vieron por clase.
¡Ah! Y el guión de la asignatura para poder poner todo en orden (si es que alguna vez existió).
A continuación viene la parte más ilusa y catastrófica: EL PLANING. Muchos de nosotros somos tan inocentes de pensar que dividir los contenidos en los días que tenemos para estudiar puede servir de algo. Pero no. Mejor sería empezar de lleno con los apuntes pero ... siempre nos gusta dedicar unos momentos (puede que incluso horas) a cuadrar en el poco tiempo del que disponemos: 1 tema para mañana; el fin de semana me acerco a la biblioteca y estudio 4 temas de golpe; las lecturas las dejo para el final y los problemas ... bueno, ya veremos cuando los hago.
No puede faltar nada: material, los post-it, calculadora, apuntes (con un cierto grado de coherencia) y ... ¡comida! No puede faltar.
El siguiente paso es: PONERSE A ESTUDIAR. ¡Qué remedio! Nadie lo va a hacer por nosotros, y menos cuando los apuntes son como un paquete de folios de 500, a doble cara y con letra reducida. Muchos paran, se me quedan mirando y de hecho no pueden evitar abrir la boca al verme entrar a la biblioteca con tremendo arsenal.
Falta de sueño, cafeína en extremo, necesidad de ejercicio, más cafeína, demasiado tiempo mirando letras ... y más letras ... y más café. Paras un segundo. Cuando una ya no puede más, le dice a las amigas: ¡ey chicas! ¿vamos a por un café? (Como si necesitáramos más...) Entonces una cierra los apuntes, se levanta y se estira (le crujen todos los huesos), empieza a encaminarse hacia la cafetería pero ... ¿cómo va a ser eso? No, no no ... ¡vuelve para atrás y coge la ultima hoja de apuntes! Así no se pierde tiempo.
Sí querido lector. Esta es la vida de un estudiante cualquiera.
Al fin, después del periodo de estudio, de no dormir, de tomar tanta cafeína que no puedes parar los temblores y de no ver a tu familia sino 5 minutos ... al fin, llega el dia del examen.
Ese glorioso día en el que no importa cuánto no hayas dormido ... ¡vas a darlo todo! Entras. Te sientas. Miras los folios. Les das la vuelta y ..
... Sales a las 2 horas. Del silencioso silencio del aula de exámenes (menos por los que se copiaban al final de la clase, que sí ... ¿es que acaso nadie más los vio?) pasas al bullicio del pasillo ... "No, la primera pregunta era falsa". Pasas, más que nada porque no recuerdas qué preguntaba. "¿Qué pusiste en la 34?". Pasas nuevamente, pero si no recuerdas ni la primera ... "Estaba facilísimo". Te marchas del pasillo arrastrando los pies ... no hay quien lo entienda. Pero si llevaba bien el examen ... ¿qué pudo pasar? ¿Por qué no preguntaron cosas más fáciles? ¿Por qué cayó lo que dijeron que no entraba? ¿Porqué? ...
Así, querido lector, es como una se siente cuando deja atrás un examen. Pero ¿sabes lo mejor de todo? La vuelta a casa es gloriosa porque sabes que sobre tu mesa te esperan los apuntes del siguiente examen.
En definitiva ... entre tu y yo ... tenemos que recordar que lo que no nos mata, nos hace más fuertes. Así que al acabar la carrera ya me podré considerar una super-woman.
Comentarios
Recuerdo perfectamente esa situación. Ahora en época de exámenes tengo delante los montones para corregir. Toda una vida primero examinándome y luego corrigiendo. Menos mal que hay mucho más aparte de eso: en la época de estudiante no había responsabilidades de hijos ni hipotecas, nuestra obligación era estudiar y aparte estaban los amigos, los amores, la complicidad, los ratos libres aprovechados al máximo,...Y ahora, además de dar clases y corregir, están los amigos, el amor, la complicidad, los ratos libres aprovechados al máximo, la hipoteca, los hijos, los padres ya mayores,...
¡Aprovecha ahora!
Bienvenida a la blogsfera. Ágata.
Sip, definitivamente tu y yo estamos en la misma onda. Eso exactamente es lo que quería que reflejaran mis palabras.
Nadie sabe lo que significa ponerse a estudiar de verdad hasta que le toca.
Muchas gracias por tu comentario!
jejeje, cómo te entiendo...Me he sentido muy reflejada en tus palabras. Cuando se acercan los exámenes suelo quedarme en casita estudiando, mi familia se refiere a mi como "aquella chica que vive arriba y que a veces come con nosotros". Durante varias semanas oigo entrar y salir gente de casa, pero yo siempre permanezco en ella, estudiando. Por eso cuando acaban los exámenes y ya te puedes dedicar a vivir, uno siente como una sensación de vacío extraña, como si no supieras en que emplear el tiempo.
Saludos y mucha suerte!
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