En Canarias, y sobre todo en Santa Cruz de Tenerife, acaba de caer la tormenta imperfecta. Merced a la cual se han producido daños por valor de más de 14 millones de euros. Pero como gracias a Dios no ha habido víctimas mortales, a las que el concejal del ramo de Seguridad Ciudadana denomina “personas físicas”, pues me voy a permitir tomarme la cosa a cachondeo. Para variar, claro.
Corría el año 1985, o por ahí, cuando al Grupo de Gobierno del Ayuntamiento chicharrero se le ocurrió convocar un apoteósico “Concurso para la Construcción de Cinco Parques Urbanos”. Y vale, pues muy bien. Pero, por ejemplo, resultó que uno de los parques se denominaba, no por capricho: “Parque del Barranco del Hierro”. O sea que la corporación, muy bien asesorada por técnicos posmodernos, decidió que se podía eliminar un cauce natural de barranco para montar sobre él un parque con sus columpios y demás memeces asociadas.
Una vez salieron los proyectos ganadores, los políticos fueron a hacerse la foto al lugar de los hechos. ¡Faltaría más! Convocando a los vecinos de forma harto concupiscente… O lo que fuera. Conectamos retrospectivamente:
–Muy buenos días estimados vecinos de Somosierra y Los Gladiolos. Estamos hoy aquí, entre sus separados vecindarios por esta cosa que algunos retrógrados llaman barranco, para anunciarles que, próximamente, este espacio de nadie y lleno de mierda, porque hay que reconocer que está lleno de mierda, se convertirá en un parque urbano apoteósico que os llenará de orgullo nacionalista, al tiempo que permitirá que vuestros hijos puedan columpiarse en chismes extranjeros, en vez de dedicarse, como ahora mismo, a dar patadas a un balón entre desperdicios susceptibles de ir a parar a plantas de reciclaje posmodernas. ¿Qué les parece…?
–Hombre, pues a mí me parece, señor alcalde, que este barranco viene con una fuerza que te cagas, cuando recala aquí cualquier tormenta por ridícula que sea. Y esto no lo digo por decir, no, que es que lo he vivido.
–Hombre, don Celedonio, ya sé que es usted uno de los más viejos del lugar, que me lo ha dicho el pelota, digo el presidente de la Asociación de Vecinos. Pero ahora estamos en la modernidad, no se crea. Y esta modernidad nos ha traído arquitectos e ingenieros posmodernos, que nos garantizan que este barranco se puede convertir en parque con cuatro perras. Sólo es cuestión de meterle unos tubos o similar en su cauce. Y después ya verá cómo puede usted disfrutar de su ancianidad sentado en un banco del nuevo parque del barranco, mientras espera a que su nieta lo llame para almorzar.
Y se hizo el Parque del Barranco del Hierro. ¡Faltaría más! Incluso con una montañita en el centro y todo, para que los paseantes pudieran contemplar desde su cima una panorámica maravillosa de la parte de la ciudad que ocupa la refinería de CEPSA. ¡Qué maravilla! Desde la cumbrecita del nuevo parque, los vecinos de Somosierra y Los Gladiolos, pudieron contemplar durante años cómo las infinitas chimeneas de la refinería ponían una pátina de mierda flotante en el horizonte etéreo de su ciudad… Y olía a mierda y todo. A mierda porque, además de los efluvios petrolíferos, en ésta parte de la ciudad se instaló la depuradora de aguas negras.
Pero, claro está, las borrascas no están por respetar las gilipolleces de los políticos ni de sus técnicos. En absoluto. Y cuando el próximo pasado primero de febrero le dio a una borrasquita atlántica por desparramarse, se armó una buena. ¡Vaya que sí! Y el barranco del Hierro, que según los que mandan y sus técnicos era una nimiedad, se puso en su sitio. Resultando que el parque se fue al carajo. Pero no sólo el parque, no; porque las aguas al no disponer de su cauce, se desparramaron por las calles y plazas del contorno. Como no podía ser de otra manera, claro. Resultando un caos de socavones apoteósicos que incluso se tragaron coches; aludes de piedras inverosímiles sobre las otrora magníficas calzadas; inundación de edificios públicos y privados… El Pabellón deportivo “Pancho Camurria”, que se construyó en el recorrido natural del barranco, y que se destinaba hasta ahora a la lucha canaria; no van a tener más remedio que convertirlo en piscina olímpica o similar. El señor alcalde nacionalista Miguel Zerolo está muy ilusionado con el cambio; porque dice que a él no se le da bien la lucha canaria, y prefiere lo de nadar y guardar la ropa.
Nota: El alcalde mencionado es primo de Pedro Zerolo, el socialista gay; pero eso no es óbice ni cortapisa ni valladar para yo qué sé. Para lo que ustedes quieran. Pero sobre todo es una palpable demostración de que estamos en manos de cuatro familias caciquiles; ya sean de izquierdas, de derechas o mediopensionistas. ¡Hay que joderse!
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