Nunca es tarde para verlo todo de otro color. Para disfrutar hasta del más mínimo detalle de lo diario. Para recrearnos en lo normal de los momentos y encontrar la salsa de la emoción nueva.Pero, ¡ hay que ver lo que cuesta replantearse los días que amanecen ya torcidos!. Eso es lo más difícil. Porque hay días y días…Hay mañanas que nos sorprenden canturreando desde temprano. Nos miramos como hacia adentro de nosotros mismos y nos decimos:¡ qué bien, tío ! , ¡ a vivir que son dos días !. Salimos de casa y le cedemos el paso a toda persona, así esté a diez metros del paso de peatones. Le sonreímos hasta al gato del vecino. Llevamos el coche entre el tráfico como si fuera la carroza de Blancanieves camino del baile, y hasta casi nos pasa lo que a ella, perdidos en una nube de satisfacción tempranera. Luego, al llegar al trabajo, repartimos sonrisas y bromas como si fuera el día anterior al comienzo de las tan ansiadas vacaciones anuales. ¡Qué felicidad!.Y los desayunos, en esos escasos y pintorescos despertares… Eso si que es una gozada. Nos da tiempo de prepararnos un zumo de naranja, tostadas, café con leche y algunas galletas. Y hasta puede que silbemos mientras recogemos la cocina al terminar. Salimos con todo el tiempo del mundo dejando un perfume de armonía por los pasillos de la casa.¡ Qué maravilla! Y gratis… Por la noche llegamos a casa, siempre con la satisfacción del deber cumplido, y repartimos frases amorosas de cariño paternal ante unas caras que nos miran llenas de asombro sin saber a cuento de qué tanto derroche de ternura. La hora de acostarse nos llega arropada por auto congratulaciones sin recargo que nos cierran los ojos y nos sumergen en los sueños locos del alma. Dichosos esos días… Luego están los otros. Los días malos de vivir. Esos sí que lo desgastan todo. Amanecen sin que nadie les haya apresurado a hacerlo, y de entrada te dan las malas nuevas. ” Hoy te tengo preparado una buena”, parece que te susurran al oído, aún sin tiempo para abrir los ojos. Son los días grises y feos. Días para olvidar… Además, se deben de notar en la cara porque la gente te dice : “te levantaste con el pie izquierdo”. Deben de ser días sucios, porque dejan huellas palpables en el semblante. Además no se quitan con facilidad.Y si al levantarte de la cama te crujen las rodillas al apoyar los pies en el suelo, pues ya te la ganaste. Te empieza como un rumor en el interior de la cabeza que parece como un enjambre de abejas en plena campiña. Que si los años que pasan. Que si te atacará la artrosis por tanto abuso en el deporte. Que si otra vez más de lo mismo. Que si cualquier cosa poco bonita y elegante…Los desayunos de los días marrones son espectacularmente malos de tragar. Empiezan con un corre, corre, que todo lo amarga. La leche del café con leche se te va al suelo. El café para la leche del café con leche se gotea por la cafetera abajo y te ensucia la placa de la cocina. Del sobresalto, dejas caer la tostada recién untada y , como es de esperar en estos casos -Murphy dixit- , cae presentando su lado grasiento al suelo. Con las prisas del momento, te olvidaste del afeitado y corres al baño. En el camino pisas la cola del gato, que siempre se te atraviesa cuando más apurado vas, y éste lanza un maullido que te pone los pelos de punta. Al llegar a la puerta de salida, te miras al espejo y ves un rastro de crema de afeitar bajo el lóbulo de la oreja… Maldices normalmente aquí.Cuando por fin sales de la casa, te encuentras con la panadera que te solicita el dinero del pan del mes. No tienes dinero y sonríes sin querer. “Venga mañana”, le dices con poca convicción, a lo que ella responde con una mirada de “lo mismo de siempre”.Al llegar al coche te das cuenta de que tiene dos rayones más que el día anterior. Le nombras la madre a un desconocido al que te gustaría conocer para hacerle un reconocimiento general y gratuito. Te metes en el tráfico resoplando como un energúmeno. Todos van lento. Más fastidio. Llegarás tarde Luego en el trabajo las cosas siguen mal. Los compañeros trajeron hoy la cara de zombies y no están dispuestos a participar en nada gracioso. Se lo agradeces porque tú tampoco estás para muchas fiestas de guardar. Cansan mucho estos días sin gracia. Desgastan por dos o tres. No hay derecho. Habría que conseguir una solución. Hacer un canje o algo así. Podría uno dirigirse a algún amigo y decirle, oye, que si tienes un día bueno de sobra y me lo cambias. Claro que bien mirado,¿ quién te iba a querer cambiar?. Aparte de que la gente no está para aguantar muchas monsergas y a lo mejor te arrea un tortazo por la gracia.A veces se desbloquea uno a media mañana sin ninguna razón aparente. Pues qué suerte.
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