Nos mantiene con vida, pensaba ella mientras daba media vuelta, mientras describía un arco de ciento ochenta grados desde su posición inicial, aunque quizá sólo había frenado, ralentizado la marcha. Es una posibilidad, mascullaba él entre dientes mientras intentaba darse cuenta de la verdadera importancia de esas palabras.
Habían recibido juntos la sorpresa, sentido la caricia de dos manos que son una sola mano, habían percibido la imposibilidad del olvido y la inexistencia de la distancia cuando, sin que ninguno de los dos supiese de donde venía, apareció el miedo.
Es lo que nos mantiene con vida, pensaba ella cuando se parapetaba, en realidad sólo se refugiaba, tras la trinchera del miedo, cuando levantaba muros de gruesa piedra, paredes del, a menudo infranqueable, basalto del razonamiento. Y tiene razón, mascullaba él entre dientes con esa curiosa manía de pensar a viva voz, de hablarle al viento y esperar alguna respuesta. Es lo que nos mantiene con vida, asentía él dándose cuenta de que si el propósito era sobrevivir, el miedo jugaba un importante papel: al fin y al cabo nos mantiene con vida. Pero, ¿en qué vida?; porque si la intención es acumular un día sobre otro, si se trata de quedarnos dentro de nuestro caparazón de mecanismos de defensa, qué sí, que hasta ahora nos ha mantenido con vida, que estamos de acuerdo en que nos ha servido para llegar hasta aquí, si la cuestión radica en no ir más allá, en no traspasar la frontera de lo desconocido, es evidente que el miedo juega el más importante de todos los papeles. Y es una posibilidad, sobrevivir, parecía que le respondía el viento con esa curiosa manía de responder a las preguntas que, masculladas entre dientes, le llegan de las almas inquietas.
Es lo que nos mantiene con vida, asentía él, pensaba ella, pero, ¿en qué vida?, se preguntaban los dos cuando ya invadidos por el miedo percibían que la distancia, hasta ahora inexistente, afloraba por los abiertos intersticios, por los recién paridos huecos de la duda. Sí, nos mantendrá con vida, al abrigo de una futura e incierta realidad en la que quizá ya nada sea como es ahora, de una proyección hacia el futuro que tiene la rara cualidad de no dejarnos fluir en el presente. Sí, nos mantendrá con vida, pero ¿en qué vida?, se preguntaban los dos sin darse cuenta, sin ser conscientes de que al miedo se le rompe de un solo portazo.
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