
Sucumbí a la lectura de La Carretera de Cormac McCarthy, ganador del premio Pulitzer, uno de los galardones con más prestigio en el mundo de las letras si hablamos del mundo anglosajón. En su lectura, que se llevará al cine próximamente, se nos cuenta la terrible vida de un padre y un hijo ante lo que se ha convertido el mundo después de una catástrofe que nunca se nos desvela. Barajamos el escarnio nuclear como dura lección para la tierra y para los que habitan en ella. Se trata de la supervivencia en el agujero negro en que finalmente el hombre convirtió la tierra. Allí al final del viaje, en la costa, aparece varado un barco que tiene nombre. El único nombre propio que aparece en todo el libro, la única forma de saber algunos datos que nunca se leen, que sólo se imaginan, es un nombre familiar para los que habitan esta isla. La estupefacción, pero también la sorpresa y la ironía. Bueno, no sabemos si es ironía o no, pero por un instante miramos a nuestro alrededor. Quizá McCarthy no va tan desencaminado.
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