Yo, ignorante, pensaba que el amor que conocemos, el amor romántico, ese de te querré más que a mi vida, era parte de la herencia que nos dejaron los franceses del XIX, junto con la guillotina. Pero parece que no, que la historia de este "sentimiento diferente y superior a las meras necesidades fisiológicas" comenzó mucho antes.
La literatura medieval ya recoge testimonios de la intimidad emocional entre un hombre y una mujer, durante siglos la única versión del amor romántico aceptada por la sociedad. Tristán e Isolda son, de alguna forma, los padres de la recreación romántica, setecientos años antes de que Víctor Hugo inmortalizara la dramática historia de Esmeralda y Quasimodo. Y si retrocedemos aún más, desde el siglo VI se tienen noticias de las andanzas de este caballero de la corte del rey Arturo y de la princesa-hechicera que le curaba las heridas, rondando el sur de Inglaterra.
Así que, según parece, aparte de ser más antiguo de lo que pensaba, el amor romántico, y su escenografía, se fraguaron en una tragedia: imposibilitados por las circunstancias para darse amor, los amantes tienen que alejarse y amarse en la distancia. Evidentemente mueren. ¿Y en este simple mecanismo está arraigado el amor romántico, en ese "te querré por encima de todo" aunque ese todo sea la muerte? Veamos que dice nuestro ilustre diccionario:
amor.(Del lat. amor, -ōris): 1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
Pues según esta definición extraída de la última edición del diccionario de la RAE, novecientos años después de la trágica muerte de Tristán e Isolda, no ha cambiado mucho el panorama: para amar hay que tener una carencia, vivir en la penuria de estar necesitado del otro hasta el punto de no poder hacerlo sin él. Claro que hay otros tipos de amor, como el fraternal amor al prójimo que predican los cardenales desde su trono vaticano, o el amor al dinero y al triunfo que exhiben los dueños del mundo. Pero, aunque quizá a simple vista puedan parecer tan distintos al amor romántico, salen todos de la misma burra: la necesidad de apego.
Pues si a esa necesidad de apego que tenemos, le añades cuatro partes de estereotipos arraigados desde siempre en nuestra memoria y amplificados durante décadas, en un despliegue de medios sin precedentes, por la maquinaria bélica de Hollywood, dos partes de frustración ante la imposibilidad real de fundirnos en un solo ser con el otro, y la sazonas con violencia irracional, tendrás una sociedad enferma: damiselas por salvar y caballeros dispuestos a ello dan como resultado la muerte; aunque sea en vida. Y lo peor de todo es que a pesar de escuchar la historia durante siglos, la seguimos repitiendo: cada semana mueren, en España, dos mujeres a manos de "su ex caballero andante" que, partiendo de su necesidad de apego, realmente de su insuficiencia, de su ignorancia e impotencia, sigue confundiendo amor con propiedad privada. Luego, y para ser fiel a la leyenda, se suicida. Tremendo, ¿no crees?
Comentarios
Coñó! que borde se pone la gente. Relájese Visitante que algunos estamos un poco hartos de "la presición": por lo menos lo que a mí me interesa de este artículo es, como dirían en Airbag "el concepto", y no que la gillotina sea del XVIII o del XIX... para eso está la Wikipedia.
Señor Couk, más que una imprecisión era una creencia derivada de mi ignorancia, como se deduce de la lectura del texto. Pero le agradezco cordialmente su comentario.
saludos
Usted demuestra una gran ignorancia. Primero: parece mentira que creyera que el amor es un concepto moderno, a no ser que no tenga usted más de 13 o 14 años o carezca de una mínima formación. Segundo: la guillotina no es del siglo XIX sino del XVIII. Lea primero y después escriba.
Saludos
Tiene usted toda la razón, y además no hace sino corroborar mis palabras: soy un ignorante y carezco de una mínima formación. Pero lo de que no tenga más de 13 o 14 años, no se lo permito: acabo de cumplir 15.
Saludos adolescentes
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