No sé si a ustedes les pasa pero a mí por lo menos, de repente, en esta entrada de año, se me están poniendo en huelga los objetos. Y, además, una huelga encubierta, a lo zorrito, tipo controlador aéreo.
De pronto, al reloj se le empieza a caer la cadena. La primera vez fue en la playa. Ves un brillo en la arena y dices: “¡Anda, qué suerte, una cadena de plata igual que la mía!”. Y tan igual. Es la mía. Lo llevas al relojero, te lo arregla, se te vuelve a caer, te lo arregla… y, así, hasta cuatro veces en que te anuncian que se te seguirá cayendo.
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Tenía previsto hablar (o escribir, que nunca se sabe lo que se hace en un blog) de lo que pasa en Tenerife, de la huelga de transportistas, de que ya no me queda ni pan de molde, ni huevos, ni fruta ni verduras y he tenido que echar mano de los sargos congelados y de las gambas que pensaba utilizar de carnada en mis pescas majoreras.
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