
Hemos vivido hoy uno de los momentos de paridad más importantes de los últimos años en nuestras maltratadas islas, con Paulino Rivero y José Manuel Soria a la cabeza dedicándose todo tipo de caricias verbales, arrumacos, mimitos y miradas de ojitos (¡la primera vez nunca se olvida, ya se sabe!), y eso que en las preelectorales echaban pestes uno del otro. Esta semana uno decía una cosa y el otro al día siguiente la desmentía. Seamos pues agradecidos a estos tiempos que corren en color, por poder permitirnos contemplarlos. Permítanme acordarme de nuestros abuelos, que no tuvieron la ocasión de gozar como lo estoy haciendo yo esta noche. La imagen vivaracha del paseo popular y nacionalista de manitas por los pasillos y alfombrajes presidenciales me pone los pelos de punta, por lo que se puede intuir detrás de cada uno de los integrantes de la noble pareja. Templarios que custodian el Sagrado Poder, el uno de la derecha; y el otro del nacionalismo más recalcitrante de los últimos años. Aún así, no deja de tener su gracia el espectáculo con el que nos han deleitado esta semana. Y he vuelto a ver sonrisas y anillos de casados y lustrados bigotes y gafas empañadas de alegría.
Máter Canarias, tan viuda de políticos sensatos, con tu López Aguilar y tu Ignacio queriéndose encaramar el lo más alto del poder. Con tus islas menores que son de coto menor, te blasfeman, sin sacramentos, La Virgen de la Candelaria contra la Virgen del Pino y las enlustradas manos que se estrechan hoy sin temblar.
Quizá por eso a la hora de firmar sus particulares capitulaciones no han tenido en cuenta que la gente no necesita alfombras de Persia ni cortinajes rojizos, sino reducidas listas de espera y un REA que se regule, guarderías públicas y apoyo a jóvenes empresarios, no con ferias, charlas y conferencias como a las que pude ir la semana pasada, sino con propuestas serias que no se lleve el viento al día siguiente.
Ya han pasado los cien días de gracia que ha todo gobierno se le concede cuando asciende al poder y esos días se han ido convirtiendo con el paso del tiempo en la guerra de los cien años, y no puedo seguir apostando por su palabra. Mucho me temo que tras las cámaras y los micrófonos empieza a latir otra política soterrada que habremos de soportar, donde los mercaderes no nos vendan Pinalito por ginebra.
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Comentarios
Muy interesante el artículo, pero no estoy yo muy seguro de que haya diferencias ideológicas sustanciales entre la derecha posfranquista estatal (PP) y la derecha posfranquista canaria (ATI y lo que queda de CC). En cualquier caso, no creo que el adjetivo a emplear sea el de recalcitrante, pues en todo caso es nacionalismo de morondanga (Hay que hablar canario)
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