Si se pasó por el casco histórico de La Laguna los dos últimos fines de semana, se habrá dado cuenta de que a las horas de comer y de cenar las calles estaban inundadas de grupos de personas que, con un librito en mano, saltaban de restaurante en restaurante. Y es que la Primera Ruta de la Tapa, una iniciativa que pretendía dar a conocer a la población de la isla los rincones gastronómicos de esta ciudad, ha sido todo un éxito. Los propietarios de los establecimientos coinciden en una cosa: la experiencia los ha desbordado.
La iniciativa consistía en lo siguiente: en los diecisiete restaurantes laguneros que se sumaron a la propuesta el cliente tenía a su disposición, entre el 11 y el 20 de julio, otras tantas tapas. Por cada una, acompañada de vino, cerveza o refresco, se cobraba la módica cantidad de 2 euros. Además, en cada local se podía pedir una pequeña guía de los participantes, acompañada de un mapa de la ciudad, en la que figuraban los pinchos que cada uno de ellos ofrecía. Tras cada degustación, se podía solicitar en el local que pusieran su sello en el folleto: si conseguías un mínimo de siete firmas y elegías un restaurante favorito, podías participar en el sorteo de 17 cenas para dos personas.
El plan surtió su efecto. La Laguna se llenó de ruteros que avanzaban de restaurante en restaurante, sobre todo durante los fines de semana. En todos los establecimientos, los propietarios opinaban lo mismo: elogios a la iniciativa (la publicidad siempre es bienvenida) y algunas dificultades, sobre todo pasadas las 9 de la noche, para atender a tantos clientes de taperío. En algunos lugares incluso se agotaba la producción de tapas antes de lo esperado. De hecho, a las 8 de la noche del viernes pasado ya no había existencias en varios de los locales.
Los platos ofrecidos en esta ruta iban desde los huevos rellenos de la tasca Brasilia hasta las exquisiteces de Chez Stéphane, pasando por los pimientos rellenos de bacalao de la tasca La Parroquia o la milhoja de batata rellena de cherne de El Obispado
Cada uno ofrecía una especialidad, pero es cierto que si se agotaba el pincho propuesto o se daba el caso de que un vegetariano pidiera una alternativa a la carne, por ejemplo, los establecimientos no tenían inconveniente en ofrecer otro plato. Sin embargo, hubo un local que marcó la diferencia. Se trataba de Chez Stéphane, dedicado a la cocina creativa con raíces belgas, como su propietario. Allí se ofrecían nada más y nada menos que siete tapas diferentes, cada cual más llamativa. La más demandada, las papas negras caramelizadas con terrina de hígado de pato.
Este hecho provocó que Chez Stéphane estuviera abarrotado todos los días que duró la Ruta de la Tapa. Es más, el espacio del restaurante, ideado para unos 50 comensales, tuvo que acoger en determinados momentos a casi setenta. Eso sí, los de las tapas debían permanecer en la barra del fondo para no entorpecer la labor de los camareros en el comedor principal. Y es que una vez daban con este lugar, muchos ruteros decidían quedarse allí para degustar todas y cada una de las propuestas.
Los platos ofrecidos en esta ruta iban desde los huevos rellenos de la Tasca Brasilia (si no se iba pronto se hacía casi imposible conseguirlos) hasta las exquisiteces de Chez Stéphane, pasando por los espectaculares pimientos rellenos de bacalao de la Tasca La Parroquia, la milhoja de batata rellena de cherne de El Obispado, el montadito de morcilla del país del Figón de la Concepción o la tortilla de plátano y gofio de El Patio Canario (toda una ayuda a la hora de resistir el aluvión de cañas y vinos).
Ojalá que cosas como ésta no se limitaran a dos semanas de romería, sino que estuvieran vigentes todo el año. El bolsillo y el estómago lo agradecerían.
Comentarios
es una pena que no se entere uno antes de este tipo de eventos. Eso si, ya estan los carteles por toda la isla del prox concierto de regeton.
un saludo
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